lunes, 13 de julio de 2015

Roncesvalles según el Madoz




Volvemos a abrir el diccionario estadístico de Madoz (1845-1850) para ver que nos cuenta sobre la villa de Roncesvalles, a escasos diez minutos del valle de Aezkoa

Lugar con ayuntamiento en la provincia de Navarra, Partido Judicial de Aoiz (6 leguas) audiencia territorial y diócesis de Pamplona (7 leguas), es aduana terrestre de primera clase desde que en agosto de 1845 se suprimiera la de Valcarlos. Situación; al pie del Pirineo a 1/4 leguas de su cima por el Sur, en la garganta misma y camino de Pamplona a San Juan de Pie de Puerto, en medio de una pequeña llanura rodeada de cerros de alguna elevación, el clima es muy húmedo y frio, propenso a reumatismos y afecciones de pecho.

Tiene 34 casas que forman dos calles y una plaza y fuente de aguas esquisitas pero lo que hace notable esta población es la real casa e insigne colegiata dedicada a Nuestra Señora de Roncesvalles. 

Esta iglesia está bajo la protección inmediata de la Silla apostólica y es de patronato de Su Majestad, quien en las vacantes nombra prior de su real consejo, tiene uso de pontificales y jurisdición cuasi nullius, también se intitula gran abad de Colonia, aunque no consta por los varios incendios del archivo, de donde le viene este dictado. 

Como es iglesia recepticia no hay número fijo de canónigos, eligiendo estos y el prior los que puedan mantenerse con las rentas, si bien según el último arreglo de cuando los poseía, no han de pasar de 12, en la actualidad está vacante el priorato y solo quedan 6 canónigos, existiendo también 2 bajos o sochantres, que son racioneros perpétuos, lo mismo que otro que sirve la secretaría capitular, y el que desempeña la cura de las almas, con más un sacristan encargado de la penitenciaria, y organista, que debe ser sacerdote y regir la capilla, compuesta de un tenor, un bajonista, 2 bajetes y 5 infantes. 

El prior y canónigos llevan en su ropa exterior y parte izquierda del pecho una cruz de terciopelo verde en forma de espada y una medalla de plata u oro en la sotana o levita con la misma cruz, que es el distintivo e insignia de la antiquísima orden militar de Roncesvalles a la que pertenecen y la cual mantuvo tropas en tiempos pasados teniendo a su cargo la defensa del castillo de Segain, cerca de Urroz, cuya fortaleza existía en 1471. 

Es además Roncesvalles uno de los más celebres santuarios de la cristiandad, ocupando el primer lugar después de los de Jerusalen, Roma y Santiago y, que por lo mismo ha sido frecuentado por los peregrinos y por varios personajes ilustres entre los cuales se cuentan muchos reyes de Navarra y príncipes extranjeros, señaladamente la reina de Portugal Sta Isabel, que regaló a la Virgen un manto de seda encarnada bordado de oro por sus propias manos, que aún se conserva. 

La iglesia en la que primero se veneró a la santa imagen de Nuestra Señora de Roncesvalles después de su aparición es el edificio destinado hoy a otros usos y que sólo dista 200 pasos del sitio en el que sucedió el milagro en el cual esta la llamada fuente de la virgen, la cual fue fundada por el rey Sancho el Fuerte, cuyas cenizas junto con las de su esposa Doña Clemencia descansan en el presbiterio al lado del evangelio en una urna de jaspe sobre la cual se hallan en actitud muy devota los bustos de ambos trabajados con bastante perfección y a sus lados cuelgan dos trozos de las cadenas que dicho rey ganó en la batalla de las Navas de Tolosa. 

La sacristía es moderna, espaciosa y alegre, se conservan en ella candeleros y ramos de plata y especialmente cálices, cuya extraña configuración denotan su antigüedad y los cuales enagenó la colegiata para atender a los gastos de la guerra de la independencia. Sólo han quedado algunos relicarios siendo notable uno de plata sobredorada en forma de cruz que en dos canutillos tiene dos espinas de la corona de Jesus, y otro cuadrado en forma de juego de ajedrez que contiene 32 reliquias en otras tantas casillas cerradas con cristal y con sus correspondientes letreros, según lo mandó hacer Don Francisco Navarro siendo prior. 

También hay un cuadro de Nuestra Señora de muchísimo mérito, varios efectos pertenecientes al pontifical del arzobispo de Reims, Turpín, que acompañaba al ejército de Carlomagno en la famosa batalla de Roncesvalles, el libro con cubiertas de plata sobre el cual se recibía el juramento a los reyes de Navarra cuando por ausencia del obispo de Pamplona o por otra causa lo prestaban ante el prior de la colegiata, otros libros antiquísimos que contienen fundaciones y otras piezas curiosas y un antiguo calendario.

La biblioteca es todavía numerosa y selecta, contando millares de volúmenes entre los que merece particular mención la Filosofía de Confuncio escrita con caracteres chinescos, encuadernada en pasta fina y en dos tomos en 4º mayor. 

Además de la iglesia mencionada existe otra pequeña con la advocación de Santiago que está casi arruinada, y las basílicas de Ibañeta y Sancti Spiritus, levantada esta sobre la hoya en que fueron, según la tradición, enterrados los oficiales de Carlomagno y la cual sirve generosamente de cementerio. La primera tiene vertientes al océano y al Mediterráneo. 

El término confina al norte con Francia y Valcarlos, al Este con Orbaiceta, al Sur y al Oeste con Burguete. Dentro de su circunferencia se cría arbolado de hayas y buenos pastos que se aprovechan para el ganado vacuno y mular. 
El terreno se fertiliza por los dos arroyos, produce heno y patatas, pesca de truchas y anguilas y caza mayor y menor, la de palomas es abundantísima y se cogen como en Etxalar. 

El correo se recibe de Pamplona, hay un molino harinero, la población es de 34 vecinos, 89 almas y la riqueza de 40650 reales. 

Historia: Mariana llama a Roncesvalles, "Lugar bien conocido por la matanza y destrozo que allí se hizo de la nobleza de Francia, cuando Carlomagno quiso por fuerza de armas entrar en España". Hablando con precisión, fue esto en su retirada. En efecto, en el año 778, según todos los cronicones, el emperador franco entró en España por este desfiladero, no para echar de ella a los musulmanes como han creído muchos, ni con el único objeto de proteger a los rebeldes que se habían apoderado de Zaragoza, según han pensado otros, sino con el de apoderarse de aquella y sujetar a su dominio el país cispirenaico, que sólo había buscado su protección. Traslucido este intento, vio Carlos la oposición del país y no habiendo conseguido apoderarse de Zaragoza regresaba a sus estados por este mismo punto con la gran presa que arrastraba de los pueblos españoles, saqueados sin distinción de musulmanes y cristianos. Los vascones al verlo metido en en este desfiladero cayeron sobre su ejército, volcaron sobre él los peñascos de las cumbres que lo estrechaban, acorralaron su retaguardia y la hicieron victima de su independencia ofendida. Fenecieron en el trance Roldando de Hruodlando, prefecto de la marca de Bretaña, Eguinhardo, prepósito de la mesa del rey, Anselmo, conde del palacio, y otros magnates, Eguinardo, en los anales de grancia y en la vida de Carlomagno y el anónimo astrónomo en la de Ludovico Pio hablan de esta derrota que tan fatal fue para la gloria de su emperador y de su nación.

La relación de este triunfo de los vascones se conserva aún entre los descendientes de aquellos bravos transmitida de padres a hijos en una hermosa canción, sencilla, guerrera y muy libre, atribuida por algunos al siglo X, aun por otros al IX, es conocida como el Altabizaren cantua, que puede verse en la colección de Mr Francisco Michel. 

Según cierto documento de Alaon, el duque Lupo II, hijo de Wifredo, acaudilló aquella emboscada, pero la autenticidad de este códice es muy dudosa, 34 años después volvió sobre la Navarra por este célebre punto el poder ultrapirenaico y al regresar de su expedición, quisieron reproducir en él los vascones su anterior gloria, pero Luis hizo registrar todas las inmediaciones del desfiladero y recorrer los valles, ahorcó a uno de los caudillos de sus concejos y estos montañeses hubieron de respetar su tránsito, porque no fuesen sus mujeres y niños las primeras víctimas, viendo que iban en el centro del ejército, cuya sabia precaución de Luis pudo únicamente liberarlo. 


Así lo confirmó el nuevo acontecimiento de últimos del año 823, los condes Eblo y Asenario, tenientes del rey de Aquitania, en las Marcas de Vasconia, penetraron igualmente por este desfiladero y al retirarse por el mismo los vascones auxiliados esta vez por los árabes, los asaltaron, derrotaron toda su hueste y los hicieron prisioneros. 

Tanta es la importancia de Roncesvalles en la historia de Navarra. Esta importancia naturalmente debió atraerle desde lo más antiguo la consideración y beneficios de sus reyes. Esta santa localidad consagrada por el valor de sus naturales a la independencia del país no pudo tardar tampoco en serlo a la religión, segun costumbre de los tiempos. Sim embargo, hasta el reinado de Don Sancho el Fuerte nada consta. Este rey fundó la iglesia de Santa Maria, dónde él y sus descendientes debían de ser enterrados, y la dotó generosamente para hospedar a los peregrinos. 

Los reyes Don Teobaldo I y II, Don Felipe III y Doña Juana, Don Carlos III, Don Juan II y la princesa Doña Leonor continuaron colmándola de mercedes. Un documento sin fecha atribuido al siglo XV contiene una súplica que los Fraires de Roncesvalles dirigían al Rey, según este documento, Don Sancho edificó en la cumbre del monte junto a una capilla titulada de Carlomagno, un hospital donde se recibía a los peregrinos y pobres enfermos, este hospital due dotado y enriquecido por los reyes de Navarra, que lo miraron como a su propia cámara, existiendo en él desde lo antiguo religiosos, clérigos, legos y hermanos que servían a los enfermos y recibían a los peregrinos, todos traían el mismo hábito y al lado izquierdo una cruz verde. Siempre habían usado este habito y el nombre de Freires, por tales freires los había reputado siempre la santa sede en los privilegios apostólicos, concediéndoles que dentro del cercado de su monasterio pudiesen llevar el sobrepelliz blanco. 

Después, algunos hermanos del hospital, desdeñándose de vestir el mismo hábito que los legos, y de recibir el título de hermanos, se propasaron a llevar el sobrepelliz fuera del ambito del hospital, abrogándose el dictado de canónigos. Otros hermanos lo resistieron y particularmente el rector, prior y el ordinario y capitulo de la iglesia de Pamplona. 

El abad de Montearagon, juez ejecutor de ciertas constituciones, vino a este hospital a solicitud de los de aquella pretensión e intimó y mandó al prior y demás hermanos observasen las constituciones apostólicas como canónigos regulares. El prior y demás hermanos que sostenían el instituto primitivo expusieron ser esto contra la fundación y estatutos, pero el mencionado abad, lejos de convencerse por ello, se llenó de indignación y fulminó contra estos sentencia de descomunión y entredicho contra el hospital. Así cesaron el oficio eclesiástico y limosnas, y carecían de sepultura eclesiástica los viajeros que aquí morían. En su consecuencia suplicaron al rey dichos freires que, condolíendose de tales miserias, diese orden para el levantamiento de censuras y continuación con el mismo hábito y en el estado que hasta allí habían tenido. Esto no obstante la pretensión de los freires, que habían motivado tantos trastornos, hubo de prevalecer, como resulta del principio de este artículo. 

Por lo que respecta al pueblo de Roncesvalles, fue concedido a la mencionada iglesia. En 1366 contaba con 79 vecinos, por lo años 1400 se incendiaron la iglesia y el pueblo, en 1472 murió en Roncesvalles Gastón conde de Fox, aspirante a la corona de Navarra por su esposa Doña Leonor. En 4 de Enero de 1559 llegó a Roncesvalles la reina Doña Isabel de la Paz, viniendo de Paris, acompañada del cardenal de Borbon y el duque de Vandoma, fue recibida por el cardenal Mendoza, arzobispo de Toledo, el duque del infantado y otras muchas personas principales, de allí se fueron a Guadalajara. En las últimas guerras con Francia ha figurado también Roncesvalles aunque no de un modo tan considerable como en la antigüedad. Debe sin embargo citarse el ataque dado en este punto el 23 de julio de 1813, el ejército francés en número de 35000 hombres al mando y dirección de Soult, acometió por este punto en la mañana de dicho día, mientras que Drovet, conde de Erlon, embestía con 13000 hombres por Maya. El general Bying, apoyado por Sir Lowry Cole, sostuvo vigorosamente la posición de Roncesvalles, por la tarde la vieron expuesta a ser envuelta y se replegaron ambos a Lizoain y cercanías de Zubiri. 


sábado, 11 de julio de 2015

Cebollas al estragón

Ingredientes para 4 personas

- 4 cebollas de unos 150 gr cada una -
- 100 gr de jamón ahumado -
- 75 gr de arroz -
- 2 cucharadas de mantequilla -
- 200 ml de vino blanco - 
- 300 ml de caldo de verduras - 
- una ramita de tomillo -
- una ramita de estragón -
- 2 cucharadas de queso parmesano rallado -
- sal y pimienta - 


Esta receta la tendremos lista en aproximadamente 45 minutos y tiene sólo 175 calorías

Pelaremos las cebollas y cortaremos la parte superior en forma de tapa, las vaciaremos y las pondremos un momento en agua hirviendo. 

Picamos bien fino los interiores de las cebollas con el jamón ahumado, lo freiremos en una sartén con la mantequilla junto con el arroz, añadiremos la mitad del vino y herviremos todo a fuego lento, poco a poco iremos añadiendo la mitad del caldo de verduras y dejaremos hervir un cuarto de hora.

Quitaremos las hojas del estragón y del tomillo y las picaremos muy finas, las añadiremos al parmesano rallado y lo pondremos en la mezcla anterior, entonces sazonaremos con sal y pimienta. 

Rellenaremos con cuidado las cebollas de esta mezcla, colocándolas en un molde para el horno untado con un poco de aceite junto con el resto del vino y el caldo de verduras. 

Lo cocinaremos en el horno a 180 grados durante unos 15 minutos y serviremos inmediatamente, es importante no dejarlas enfriar. 

La cebolla es muy beneficiosa para nuestra salud, nos ayuda con la retención de líquidos, previene problemas de audición y la aparición del acné, reduce la hipertensión y nos ayuda con diversas infecciones. 

Este plato resulta ideal cómo entrante, acompañamiento o cena ligera, ¿te animas a probarlo? 

jueves, 9 de julio de 2015

Agroturismo Zubialde

Hoy nos asomamos al pueblo de Abaurrea Baja para visitar el agroturismo Zubialde y que sus propietarias nos cuenten más. 





Agroturismo Zubialde somos una familia de Abaurrea Baja que trabaja y vive en el pirineo. Tradicionalmente hemos desarrollado la actividad de la ganadería con vacuno de raza Pirenaica (autóctona del valle de Aezkoa) y un poquito de agricultura. Hace unos años decidimos desarrollar y diversificar esta actividad implantando el turismo rural. Y desde el 2010 realizamos actividades de agroturismo con nuestros clientes para que puedan conocer nuestra forma de vida y disfrutar de la naturaleza. 

Para encontrarnos simplemente tienes que venir a Abaurrea Baja (Abaurrepea) un pequeño pueblo del valle de Aezkoa. Estamos en el noreste de Navarra a las puertas de la Selva de Irati. (Localización GPS: Latitud: 42.90957, Longitud: 1.21727).


Nuestra casa rural tiene 5 habitaciones dobles con baño y tv cada una de ellas. La casa está completamente equipada con cocina, un amplio salón-comedor, sala de juegos infantiles, terraza con vistas al monte, barbacoa y un jardín donde relajarse. La capacidad máxima es de 10-12 personas. Se trata de una casa perfecta para disfrutarla en familia o con un grupo de amigos que quieran vivir una experiencia en el pirineo navarro. Todos nuestros visitantes pueden llevar a cabo una experiencia de agroturismo que está incluida en la tarifa y dependiendo de la época del año varia (cuidado de animales, huerto, distintas labores en el campo... etc).

Nos gusta poder mostrar un pedacito de lo que es la vida en el pirineo. Se trata de una actividad que complementa la que realizábamos con anterioridad. La gente busca la tranquilidad y sobre todo el contacto con la naturaleza. Cosas que no es fácil encontrar en las ciudades. Es por eso que Agroturismo Zubialde abrió sus puertas.


La oferta de esta zona del pirineo es realmente muy amplia. Desde unos paisajes de ensueño hasta un patrimonio cultural e histórico muy destacables. Para el que le guste el monte existen diversas opciones: paseos con pendiente suave para familias con niños o senderos locales de más larga distancia que te llevan a conocer rincones preciosos. 

Destacar la maravilla que ofrece el pasear por el segundo hayedo-abetal más  grande de Europa, la Selva de Irati. Aunque son menos conocidos en cada uno de los nueve pueblos del valle existen innumerables senderos señalizados que son un auténtico regalo para los sentidos. También podemos ofrecer exquisitos manjares al paladar de la mano de un producto de la tierra de gran calidad sumado a la buena mano de los cocineros/as de los restaurantes y bares de la zona.

Nuestras tarifas para la casa completa son 400€ para el fin de semana (10 personas) y 1000€ para semana completa (10 personas). Para grupos reducidos o alojamiento por habitaciones se requiere consultar disponibilidad y precio.

Para reservar nuestra casa podéis poneros en contacto por teléfono en el 690120183 o bien via e-mail en casazubialde@gmail.com. Toda la información está en nuestra página web www.agrozubialde.com donde también podéis tramitar directamente las reservas.

Es difícil destacar solamente una cosa de Abaurrea Baja. Por su valor histórico destacaría la Iglesia de San Martín de Tours de Abaurrepea que es de estilo gótico (s. XIV), una joya para este pueblo. De las Abaurreas destacaría el mirador de la Peña de San Miguel que se accede desde Abaurrea Alta y es un paseo precioso donde vas dejando la vista de los Pirineos atrás para asomarte a uno de los mas bellos miradores del Valle de Aezkoa.


La mejor estación para conocer Abaurrea Baja depende. Es decir, si lo que quieres es disfrutar de la tranquilidad, el silencio, la nieve en buena cantidad y sin necesidad de coger el coche, la época perfecta es el invierno. Si por el contrario buscas más movimiento, hacer senderismo con mayor probabilidad de buen tiempo y más actividades tu opción será primavera o verano. Por último, si lo que deseas es disfrutar de paseos en el bosque pisando la hojarasca con esa sensación relajante que proporciona y además descubrir la amplia gama de colores que puede dar un paisaje tu elección debería ser el otoño.

En definitiva... Cualquier época es buena para visitar Abaurrea Baja ya que cada una te proporciona destinas opciones y sensaciones.

Invitaros a que os paséis por Abaurrea Baja y por Agroturismo Zubialde para que disfruten de un turismo rural de calidad en una zona privilegiada como es la Selva de Irati.


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Aquí podéis consultar otros alojamientos en la zona

Si tienes un comercio o empresa en el valle de Aezkoa ¡Escríbenos a turismo.abaurrea@gmail.com y te informaremos de las diferentes soluciones de promoción que te ofrecemos! 

lunes, 6 de julio de 2015

La Canción de Roland (9/34)

 2.- La Embajada
3.- Ganelón y Blancandrín
4.-La traición de Ganelón
5.-El sueño de Carlomagno
6.-Roldán y los Doce Pares
7.-Marsil y sus aliados
8.-Roldán y Oliveros


9.- El Combate

Comprendiendo que la batalla era inminente Roldán empezó a prepararse. Impresionaba su fiereza al dar las órdenes. Parecía como el león o el leopardo dispuesto a lanzarse sobre su víctima. Llamó a sus capitanes y en presencia de Oliveros su amigo, les dijo a todos:

-Vamos a luchar, amigos y compañeros. El emperador nos dejó a veinte mil de sus hombres porque sabía que ninguno de ellos era cobarde. Nuestros soldados saben que han de soportar grandes penalidades, sufrir calor y frío, y perder sangre y carne.
Que golpeen vuestras lanzas contra el muro enemigo, que yo con mi Durandarte sembraré el terror entre los sarracenos. Si muero, el que recoja mi espada podrá decir con orgullo: <Fue la espada de un noble vasallo que lucho con fe por su rey y su Dios>. Valor, amigos, la gloria de Francia está con nosotros.

Entonces, llegó el arzobispo Turpin y habló a los franceses:
-Carlos nos encargó la retaguardia, señores barones, para que salváramos al ejército. Debemos luchar y morir por nuestro emperador y prestaremos así nuestro apoyo a la Cristianidad. La batalla es inminente, pues con vuestros ojos podéis ver a las huestes sarracenas ansiosas de botín. 
Confesad vuestros pecados y pedid perdón a Dios, yo os absuelvo para curar vuestras almas. Todo el que muera en la batalla irá a la gloria eterna y será bendito por Dios. 

Los franceses echaron pie en tierra y se posternaron. El arzobispo los bendijo en nombre del Señor.


Los franceses se levantaron del suelo, el arzobispo los había absuelto de toda culpa y ahora se encontraban más animosos para el combate. Montaron todos en sus rápidos corceles y esperaron órdenes. Estaban armados como cumple a caballeros y dispuestos para entrar en combate. 

El conde Roldán habló entonces a Oliveros y todos los hombres escucharon sus palabras:

-Tenéis razón, Oliveros, en lo de mi padrastro. Ya no quiero ocultarlo por más tiempo, ni sepultarlo en mi corazón como si fuera ponzoña, Ganelón es un traidor, el rey Marsil le dio gran cantidad de oro. Sólo deseo que el emperador pueda vengarnos. Ha sido una trampa hábilmente preparada, nos compraron como mercancía pero para obtenerla tendrán que enfrentarse a nuestras espadas. 

Roldan y sus tropas no se amilanaron, no eran cobardes los hijos de la dulce Francia. Tenían ante ellos un poderoso ejército que les esperaba en los puertos de España. Ahora sabían que la traición de Ganelón había sido la causa de que aquel ejército estuviera dispuesto en contra suya. Pero Roldán y sus hombre no retrocedieron, a los puertos de España llegó Roldán montado en Vigilante, su rápido corcel. 

Roldán vestía brillante armadura y blandía su espada, la Durandarte, a quien tanto temían los sarracenos. La espada miraba siempre hacia el cielo y al hierro estaba atado un golfalón blanco cuyas franjas le rozaban las manos. Todos sus hombres admiraban su noble apostura y su rostro sereno y alegre. 

Junto a Roldán iba Oliveros, su fiel compañero en cien batallas. Roldán contemplaba al enemigo con aire impaciente de entrar en combate. Luego, en tono humilde y dulce se dirigió a sus hombres y les habló así:

-Despacio, amigos, ahí vienen los infieles en busca de la muerte. Antes de la noche les habremos derrotado por completo y obtenido un bello y rico botín. 

Poco después chocaron los dos ejércitos. 

Oliveros habló a Roldán en tono triste:

-No sé que deciros, Roldán, ha llegado el momento. No puedo olvidar que no quisisteis hacer sonar el olifante, y a causa de ello Carlos no está con nosotros. Si él supiera esto no hubiera vacilado en volar en ayuda nuestra. Ahora nada puede hacerse y nadie merece censura, por tanto, olvidad mis palabras y cabalguemos todos juntos contra esa gente. Manteneos firmes, señores barones, no penséis más que en herir dando golpe por golpe. ¡Por Dios y por Carlos! Y no olvidéis nuestro grito de armas, el de nuestro emperador, que nos ha dado siempre la victoria:

-¡Montjoie! ¡Montjoie

Era un solo grito escapado del pecho de veinte mil hombres, quien lo oía no podía olvidarlo jamás de lo impresionante que era. 

Luego cabalgaron ¡oh señor! con bravura y con prisas, ansiosos de pelea y de sangre. Clavaron las espadas en los ijares de sus caballos para llegar cuanto antes ¿qué podían hacer si no?

Los sarracenos los recibieron sin miedo, se sabían superiores y con la certeza de la victoria. Franceses y sarracenos habían entrado en combate. 

Aelrot, sobrino del rey Marsil, iba en la vanguardia al frente del ejército. Orgulloso y fanfarrón, apostrofaba al enemigo con viles palabras, seguro de la victoria:

-Voy a medirme con vosotros, felones franceses. Vuestro rey os ha abandonado a la suerte más aciaga, él es quien os ha traicionado, él, que debía guardaros. Bien loco estuvo Carlos al dejaros por estos desfiladeros. No podéis escapar de la trampa que os hemos puesto. Y en este día Francia perderá todo su prestigio y Carlos el Grande conocerá la humillación y la derrota.

Cuando Roldán oyó estas palabras experimentó gran aflicción, espoleó su caballo y lo dejó galopar a sus anchas precipitándose como el rayo contra Aelrot que tales cosas había dicho en contra de su Rey y contra Francia. Roldán le partió el escudo al infiel, le desgarró la loriga, le abrió el pecho y le rompió los huesos. Le arrancó todo el espinazo de la espalda y le hundió la lanza en la carne. 



El cuerpo del infiel vaciló y se derrumbó muerto del caballo. Fue tanta la rapidez y el valor de Roldan que Aelrot no tuvo tiempo para pensar en nada.

Y Roldan ante su enemigo muerto dijo:

-No, vil esclavo. Carlos ni es loco ni traidor. Nos dejó en los desfiladeros no para traicionarnos sino para que nos cubriéramos de gloria y salváramos a Francia haciendo morder el polvo de la derrota al rey Marsil, el más grande traidor de España. No perderá prestigio la dulce Francia por esta batalla. ¡Franceses, seguid luchando sin tregua ni descanso! ¡Nuestra es y será la victoria! La razón y la ley estan de nuestra parte y la sinrazón con los felones infieles. 

En el ejército sarraceno había un duque llamado Falsarón, este noble era hermano del rey Marsil y poseía en feudo las tierras de Datán y Abirón. No había un hombre tan perverso como él. Su frente era tan ancha que de ojo a ojo podía medirse medio pie. Cuando vio muerto a su sobrino Aelrot a manos de Roldán montó en terrible cólera. Se destacó de los suyos y cargó contra los franceses a los que injurió con soeces palabras. Mató a muchos y derribó a más. Los franceses retrocedían y el infiel exclamaba satisfecho:

-Seréis derrotados, cristianos, y en ese día perderá su honor la dulce Francia y vuestro Rey morirá de vergüenza.


El valiente Oliveros escuchó sus palabras y se enfureció de sobremanera, adelantándose en busca de Falsarón. Clavó en su corcel las espuelas de oro y asestó al infiel un terrible golpe con la espada. Se quebró el escudo de Falsarón y se desgarró la cota de malla, entonces, Oliveros hundió en la carne del hermano de Marsil los paños del gonfalón. Con la lanza le hizo saltar de la montura y lo derribó en tierra. Allí terminó su vida el infame Falsarón. 

Oliveros le vio caído en tierra y al darse cuenta de que estaba muerto dijo con terrible acento:

-Ahí han quedado tus amenazas, vil traidor. Para que aprendas a conocer el valor de un cristiano que lucha por su ley y por su Dios, ¡fácil será nuestro triunfo, franceses! ¡a ellos! ¡nadie podrá impedir que nuestra sea la victoria!

Y Oliveros lanzó entonces el grito de guerra del rey Carlos, coreado para todos los suyos:

-¡Montjoie! ¡Montjoie! ¡Montjoie! 

En el ejército sarraceno había un rey que se llamaba Corsablín, era de raza berberisca y vino para luchar contra los cristianos porque odiaba a Cristo y a la fe. Corsablín no tuvo miedo al ver morir a Falsarón y gritó a sus hombres:

-No os espante la muerte de alguno de los nuestros, podemos resistir a los franceses aunque tengan a Roldán y a los doce pares, pues Carlos no podrá ayudarlos con el gran ejército, está muy lejos y nada puede hacer. Ataquemos sin tregua a los franceses, pues les ha llegado la hora de la muerte. 

El arzobispo Turpin oyó las palabras de Corsablín y no pudo contenerse, odiaba al infiel por sus bravatas y por su maldad. Clavó en su corcel sus espuelas de oro fino y sin pensarlo dos veces se lanzó contra el sarraceno. El arzobispo partió el escudo del infiel y le hizo jirones la cota de malla. Luego le hundió la lanza en la carne, Corsablín cayó del caballo al suelo. Había muerto en el acto. 

Turpin vio muerto al infiel y no pudo evitar el deseo de decir unas palabras:

-Mentiste, infiel. Mentiste al decir que Carlos, nuestro señor, no podría salvarnos. Nadie podrá vencer a los franceses de alma indomable. Os haremos retroceder para siempre. Somos los más fuertes. ¡Adelante, franceses, que nadie olvide su deber!

Y el arzobispo Turpin lanzó el grito de guerra que era al mismo tiempo aliento y fe en la victoria:

-¡Montjoie! ¡Montjoie!

Y todos repitieron el mismo grito, los franceses quedaron dueños del campo porque los sarracenos huyeron espantados al ver morir a uno de sus jefes más valerosos. 

El noble Garín luchó contra Malprimis de Berbegal. El combate era favorable al cristiano y el escudo del infiel ya no servía para proteger su cuerpo. Garín le rompió la cristalina bloca y la mitad cayó a tierra. El cristiano rompió la cota hasta la carne y hundió en su cuerpo la aguda lanza. 

Entonces el sarraceno cayó derribado al suelo. La lucha seguía encarnizada. Gerer, otro de los paladines de Carlos, se enfrentó con el emir, le partió el escudo y destrozó la mallas de la cota. Hundió en su cuerpo la lanza y el hierro atravesó el cuerpo del infiel y lo derribó sobre el campo.

-¡Hemos triunfado sobre el infiel! -exclamó Gerer.
-¡Grande ha sido la batalla! -dijo Oliveros. 

El duque Sansón no quiso ser menos que sus compañeros y atacó a otro de los jefes sarracenos, destrozó su escudo guarnecido de oro y adornado con florones. Nada pudo hacer la cota que lo protegía, la lanza del duque se hundió en las carnes del sarraceno y lo derribó cadáver.

-¡Buen golpe! -exclamó Oliveros. 




Anseís atacó entonces a Turgis de Tortoles, dispuesto a vencerle. Quebró su escudo, desgarró su doble loriga y hundió en el cuerpo el hierro de su lanza. Tanto la hundió que la punta salió por la espalda. 

Y el bravo Roldán dijo admirado:

-¡Magnífica hazaña! Felicito al valiente que ha dado semejante golpe. 

Animados por sus caudillos los guerreros franceses se superaban en el campo de batalla en un empeño de emulación bélica. Y Engleros, el gascón de Burdeos, acometió a Escremis de Valtierra. Espoleó su caballo y soltó las riendas. El escudo del infiel quedó partido en dos. Rompió las mallas de la cota y la lanza del cristiano hirió el pecho del infiel. Escremis fue derribado del caballo y quedó exánime en el campo de batalla.

-Así moriréis todos - Exclamó el valiente Engleros. 

Roldán y Oliveros seguían animando a sus hombres para que atacaran sin tregua ni descanso. Y los nobles franceses respondían al empeño con sus victoriosas hazañas. Otón se enfrentó con Estercruel, le rompió los paños de la loriga y le hundió la lanza en el cuerpo. 

-¡Nadie podrá salvaros ahora! -dijo Otón. 

Y los hombres de la dulce Francia no se cansaban de matar infieles porque sabían que luchaban por su fe y por Carlos. Aquellos hombres mandados por Roldán, el caballero sin tacha, eran invencibles.

Berenguer hirió a Tamarite y le partió el escudo, le destrozó la cota y atravesó su cuerpo con la lanza. 

Berenguer fue muy valiente porque para realizar su hazaña se había infiltrado entre el ejército enemigo, que nada pudo hacer para salvar a su jefe. 




Los hombres de Roldán habían dado muerte a diez jefes sarracenos de los doce que tenían, sólo vivían dos, Chernublo y el conde Margaris. 

El conde Margaris era valiente y apuesto, fuerte y ágil. No estaba dispuesto a ser derrotado como sus compañeros. Espoleó su caballo y se dirigió al encuentro de Oliveros con ánimo de vencerle y alcanzar con ello inmensa gloria. El choque de los dos paladines fue terrible, el infiel logró quebrar el escudo de Oliveros bajo la bloca de oro puro, luego el conde Margaris atacó con la lanza y esta rozó los costados de Oliveros.

-¡Dios salve a Oliveros! -exclamaron algunos cristianos que contemplaban el combate. 

Pero la lanza del infiel no pudo tocar el cuerpo de Oliveros, el asta se quebró y el cristiano quedó incólume en su montura. Oliveros no manifestaba el menor temor, seguía sonriendo...

El conde Margarís comprendió que había sido en vano su empeño y siguió adelante en otra dirección sin encontrar obstáculo, vio a sus tropas desorganizadas y tocó la trompeta para reunirlas de nuevo para el combate. 

La tarde era maravillosa, se había generalizado un combate por ambas partes y se luchaba sin descanso.

El conde Roldán iba a la cabeza de los suyos y combatía sin protegerse lo más mínimo. Usó la lanza hasta que se le rompió, luego desenvainó la espada, espoleó a su corcel y se lanzó contra Chernublo, que era uno de los caudillos sarracenos que aún no había muerto.

Roldán le partió el yelmo en el que resplandecían dos carbunclos, le desgarró el turbante y el cuero del cráneo. 

Nada pudo hacer Chernublo para evitar la muerte, esta entró en su cuerpo a través de la Durandarte que esgrimía Roldán: la espada invencible que era el terror de los infieles.

Chernublo quedó muerto en el campo de batalla, entonces Roldán exclamó:

-Ahí te quedas, hijo de esclavo, en mal momento viniste a luchar contra nosotros, era imposible que pudieras vencerme. Todos los tuyos acabarán como tú en este mismo campo. 

Y todos los franceses estallaron en gritos de alegría al saber de la gran victoria de Roldán. 

El conde Roldán seguía cabalgando por el campo de batalla animando a los suyos y combatiendo sin tregua ni descanso. Llevaba en alto a Durandarte, la espada que tan bien sabía cortar y partir. Roldán hizo entre los sarracenos una gran carnicería, su espada no daba tregua a nadie, los muertos se amontonaban unos sobre otros y la sangre corría por los charcos. Tenía la cara, los brazos y el caballo manchados de sangre. 

Oliveros tampoco descansaba, lo mismo que los doce pares y el resto de franceses. La batalla era favorable a los cristianos y por todas partes sólo se oían los gritos de muerte y de angustia de los sarracenos y los vitores de los franceses. 

El arzobispo Turpín exclamó alegremente:

-¡Gracias sean dadas a todos! ¡Montjoie!

Y todos los franceses respondieron al grito del arzobispo, porque era el grito de guerra de Carlos su emperador. 

Oliveros seguía cabalgando a través del campo sin darse un momento de reposo, el asta de su lanza estaba rota de tantos golpes y sólo le quedaba un trozo, pero no pensó en ello y siguió atacando a sus enemigos. Llevaba su espada pero no quiso usarla, pues le sobraba aún con el trozo de lanza. 

Ante él tenía a un infiel, Maló, que era un valiente guerrero. Oliveros quebró su escudo cubierto de oro y florones, con el trozo de lanza le golpeó la cabeza y le derribó muerto entre los innumerables cadáveres que yacían en el suelo. 

Oliveros seguía cabalgando sembrando la muerte entre los sarracenos, muchos huían aterrorizados y los que osaban enfrentársele perdían la vida. 

Finalmente al paladín cristiano se le quebró el último trozo de lanza y ya no pudo usarla para combatir, entonces, Roldán, que estaba a su lado, le dijo:

-¿Qué hacéis, buen amigo? ¿Porqué usáis la lanza? En esta batalla hemos de emplear acero. ¿Dónde tenéis guardada la espada, a la que llamáis Altaclara? Usadla, Oliveros, no lo penséis más, estáis indefenso. Bastante habéis hecho ya con vuestro trozo de lanza. 

-Buen Roldán, tenéis razón. El ardor de la pelea me ha hecho perder el tino, ni me dí cuenta de que estaba usando sólo un trozo de lanza, pero tenía tanta prisa... Ahora usaré mi espada. 



El señor Oliveros desenvainó entonces su espada, la Altaclara, como había recomendado su amigo Roldán. Era una espada que en nada desmerecía de la Durandarte. Oliveros demostró que era un gran caballero y sabía manejarla con tanta eficacia como la lanza. Con la espada mató a Justino de Valdeherrero, un valiente sarraceno que osó combatir contra él sin resultado. Oliveros le partió la cabeza por la mitad y el infiel quedó muerto en el prado.

 Roldán, que iba a su lado, contempló la escena y exclamó:

-¡Qué gran victoria, Oliveros! Habéis demostrado ser digno guerrero del emperador, yo os aprecio por esto como si fuerais mi hermano. 

-Gracias, Roldán. No os quema alguna duda, venceremos, somos los mejores y Carlos estará orgulloso de todos nosotros. 

Por todas partes de extremo a extremo del campo sólo se oía un grito de guerra, el del Emperador Carlos, el de la victoria:

-¡Montjoie! ¡Montjoie! 

Iban por el campo de batalla el conde Garín montado en su corcel Sorel y su compañero Gerer, en su caballo Paso de Ciervo, ambos habían prodigios de valor derribando de las monturas a numerosos infieles. Nadie podía decir quién de los dos era más rápido, sus lanzas se quebraban en los cuerpos enemigos y los infieles huían al verlos. 

El arzobispo Turpín mató a Siglorel el hechicero, que con sus sortilegios hacía creer a los suyos que ganarían la batalla. Pero Siglorel nada podría decirles ahora, pues estaba ya en los infiernos. 

-Este infiel estaba ya predestinado -dijo el arzobispo, y Roldán que estaba junto a él replicó:

-Vencido está el hechicero, éstos son los golpes que valen. 

A pesar de todos los actos de valor y heroismo de los cristianos la batalla se volvía más encarnizada. Huían los infieles pero volvían a rehacerse pronto, amparados por la superioridad numérica. Cuanto más hombres caían, más parecían brotar como si fueran infinito número. 

Franceses e infieles se asestaban golpes y más golpes. Atacaban y se defendían sin pensar en el descanso, como si todos tuvieran prisa por acabar cuanto antes.

Astas rotas y ensangrentadas, gonfalones y enseñas caídas y destrozadas, hombres muertos... Nunca más verían a sus madres y esposas ni a los soldados del rey Carlos. 

El emperador llorará sus muertes pero de nada le servirá, mueren los jóvenes franceses y su emperador no puede prestarles ayuda. Nada sabe de sus cuitas ni de su lucha desesperada contra un enemigo superior. Que mal servicio les hizo Ganelón el día que fue a Zaragoza a hablar con el rey Marsil. De él partió esa negra traición que ahora estaban pagando los mejores soldados de la dulce Francia. 

Y la batalla proseguía sin tregua ni descanso, era maravillosa y abrumadora. Luchaban los hombres en grandes masas como ansiando la gloria y la muerte, buscando la decisión de la pelea en un triunfo o una derrota, y entre todos, Roldán y Oliveros destacaban por su furia combativa que no tenía rival. También el arzobispo iba a la zaga y había ya asestado más de mil golpes sin demostrar cansancio. Los doce pares, fieles a su divisa de intachables, seguían a sus paladines y no daban reposo en limpiar sus armas de sangre sarracena. 

Y en esta lucha tan abrumadora para todos, los infieles morían por centenares y millares. Ellos que habían creído que todo sería fácil para sus armas y que podrían derrotar a los cristianos ahora se daban cuenta de su error, un error que el rey Marsil y el traidor Ganelón no habían previsto. Pero ahora ya no podían retroceder. 

Morían pues los infieles, pero también iban cayendo los mejores hombres de la dulce Francia, que ya no verían más sus padres y sus parientes ni a Carlomagno, que los aguardaba en los puertos ajeno a su suerte, porque nada sabía de la traición de Ganelón aunque algo sospechara. 

El terrible combate iba aclarando las filas de los cristianos que, por ser pocos, las pérdidas que experimentaban tenían más importancia que las de los sarracenos. 

En Francia se había levantado una extraña tormenta, era una tempestad cargada de rayos y truenos y viento, de lluvia y granizo. Desde San Miguel del Peligro hasta los Santos, desde Basaçon hasta el puerto de Wisant no hubo casa cuyos muros no se agrietasen. El cielo se oscureció y las tinieblas invadieron la tierra. Todos los que vieron estos fenómenos quedaron aterrados, algunos decían:

-¡Es el fin del mundo! 

Otros, menos timoratos, exclamaban:

-¿Qué ocurrirá, señor? Es una tormenta muy fuerte, en cien años no ha ocurrido algo semejante.

Nadie podía ver a qué se debía, no adivinaban que era un presagio de la próxima muerte de Roldán, el caballero sin tacha, el hombre más valiente de la dulce Francia. 

Los franceses seguían valerosamente y los infieles caían muertos a millares en el campo de batalla. Casi no quedaban hombres en el bando sarraceno y los cristianos podrían considerarse vencedores. 

El arzobispo Turpín le dijo a Roldán:

-Nuestros hombres han demostrado su valor en el campo de batalla, no hubo mejor ejército en el mundo. Quedará escrito en nuestros anales lo que los franceses han hecho en esta gran batalla. El emperador podrá sentirse contento de todos. 

Esto dijo Turpín y Roldán le oyó muy complacido. Todos creían ya que lo peor había pasado y que los sarracenos estaban derrotados. 

Los franceses iban por el campo buscando a los suyos, lloraban de dolor sobre sus amigos y parientes que habían muerto. Mientras los franceses enterraban a sus muertos el rey Marsil con un gran ejército avanzaba contra ellos. Sus tropas de vanguardia habían sido derrotadas pero ahora con estos refuerzos esperaba el rey sarraceno aniquilar los restos del ejército de Roldán. Los cristianos deberían rendirse o morir. 



El rey Marsil avanzaba con sus tropas por un ancho valle en dirección a Roncesvalles. El monarca sarraceno había logrado formar veinte cuerpos de ejército. Jamás se habían visto tantos hombres armados. 
Con este poderoso ejército esperaba el rey Marsil quebrantar la resistencia de las tropas de Roldán y luego invadir Francia y hacer prisionero a Carlos. Los yelmos de los guerreros sarracenos resplandecían con sus ricas piedras engastadas en oro. Fulguraban los escudos y las bruñidas cotas. Nada menos que siete mil clarines dieron el toque de carga. Era tal el estruendo que se oía a mucha distancia. Los franceses pronto se dieron cuenta de la amenaza que se cernía sobre ellos, pero no por eso menguó su valor. Aquellos valientes no tenían miedo de morir, sabían que su heroísmo no sería estéril, venderían caras sus vidas. Habían destrozado al ejército de Marsil y ahora se preparaban para hacer lo mismo con el que se les avecinaba. 

Roldán estaba rodeado de sus capitanes, todos estaban preparados para defenderse, habló así:

-Amigo Oliveros, hermano mío, se aproxima otro ejército del rey Marsil. El traidor Ganelón tomó bien sus medidas para aniquilarnos a todos, pero esa traición no puede quedar ignorada, el rey Carlos sabrá vengarnos cumplidamente. Hasta ahora hemos vencido a nuestros enemigos a pesar de ser mas numerosos pero ahora la batalla será más áspera y ruda. Somos muchos menos que antes y el enemigo es mayor, jamás hubo otra batalla parecida a esta. No nos desanimemos. Yo pelearé con mi espada Durandarte y vos, Oliveros, con Altaclara, son espadas invencibles, no lo olvidéis, pues han paseado por todos los campos de la cristianidad sin ser nunca derrotadas. Jamás dirán de ellas que fueron vencidas y jamás se oirán canciones de burla. Esta lucha será la última pero nuestra gloria no será empequeñecida por nada de lo que ocurra. 

Todos los capitanes dieron su conformidad a las palabras de Roldán y Oliveros replicó:

- Estoy de acuerdo con vos, buen Roldán, nadie podrá empañar la gloria de los capitanes del rey Carlos, el emperador sabrá vengar la traición de Ganelón. 

Mientras tanto, las tropas del rey Marsil se acercaban, pronto el sarraceno se dio cuenta de lo sucedido, su ejército de vanguardia no había podido derrotar a Roldán y a los suyos. ¿Que había pasado con todas las promesas de sus capitanes de matar a Roldán y a todos los franceses? ¿Cómo habían acabado sus bravatas? Ahora todos habían muerto de mano de los franceses, sus cadáveres estaban tendidos de cara al cielo. Nada quedaba de su poderío. 

El rey Marsil hizo sonar su cuerno y sus bocinas y galopó con el grueso de su ejército. 

10.- Los últimos combates

sábado, 4 de julio de 2015

Aribe tras la guerra de la Convención

Aribe, la capital administrativa y judicial del valle de Aezkoa, fue la villa más devastada durante la guerra de la Convención. A la quema indiscriminada de casas y hórreos hay que añadir la destrucción total de su archivo, lo que justifica la dificultad de hallar datos sobre nuestro valle anteriores a esta guerra.  


En pie, como se señala en un documento del año 1810 quedaron las siguientes casas:

Casa de Indarte, de Francisco Almirantearena
Casa de Maisterra, de Ángel Sarrasin
Casa de Matiarena, de Francisco Conde
Casa de Architero, de Xabier Iriarte
Casa de Lastape, de Juan Martín Iturralde
Casa Fiscala, de Martín Iturralde
Casa Botoa, de Manuel Irigoyen
Casa Domench, de Martín Joseph Zubiri
Casa de Hugalde, de Juan Martín Jairi
Casa Echeverri, de Juan Simón Arriola
y por último Casa Loperena, de Pedro Laurenz. 



jueves, 2 de julio de 2015

Secretos de pueblo (Parte I)

¡Hola! Algunos de vosotros me habéis preguntado cómo lo hacemos para vivir en unos pueblos sin apenas comercios. A decir la verdad, viviendo en esta zona te conviertes en alguien austero por obligación y sin dificultad, apenas nos afectan las campañas publicitarias en prensa, televisión o internet porque por mucho que anuncien esas nuevas galletas con más cereal que nunca, ese detergente para quitar manchas no encontraremos estos productos en las cuatro furgonetas que nos visitan, pueblo por pueblo, semanalmente. 

Así que una pregunta queda en el aire ¿cómo hacemos para tener la piel hidratada, la ropa nueva, la piel suave.. sin esos productos? Es por ello que empiezo esta sección que en sus primeras entregas estará en la sección de etnografía hasta que tenga tamaño suficiente para hacerse sección propia. 

Aquí contaremos trucos sobre remedios naturales, hidratantes caseros, abonos para la huerta... todo hecho con productos que todos tenéis en casa. Quizás descubráis que podéis prescindir de gran parte de vuestro carro de la compra. 

Y así, empezamos con Secretos de Pueblo (Parte I) 




Contra las hormigas

Para librarnos de las molestas hormigas sin causarles perjuicio alguno bastará con que limpiemos las encimeras por las que pasan y el suelo con vinagre (de cualquier tipo), el fuerte olor las desorientan de manera que pierden el rastro y van a otros lugares dónde les sea más fácil comunicarse. Otros repelentes naturales son posos de café (los evitan sistemáticamente) o la canela

Abono de plantas

Una forma magnífica para fijar el Nitrógeno en nuestras macetas es plantar en ellas un puñado de lentejas, además, ayudarán a fortalecer las raíces de esquejes. Si necesitamos potasio para la época de floración herviremos pieles de plátano trituradas que echaremos en nuestras plantas, para aportes de calcio extra podemos añadir también cáscaras de huevo trituradas y conchas de moluscos y mariscos.

Repeler plagas

Si lo que queremos es repeler alguna plaga de nuestras plantas usaremos ajo picado mezclado con un poco de agua, frotaremos las hojas con este líquido, haciendo especialmente incapié en el dorso de las hojas, dónde suelen poner los huevos. También podemos hervir un puñado de hojas de ortigas y usar un dispersor para pulverizar el líquido sobre la planta. Para recoger las ortigas sin que piquen hay que aguantar la respiración mientras se tocan.

Tinte negro para el pelo y ropa

Para obtener un poderoso tinte natural que devuelva el negro a nuestras prendas y nos cubra las canas a las que tenemos cabello oscuro deberemos hervir un buen puñado de hojas de hiedra durante 40 minutos, si no la tenemos fresca podemos usar hojas secas igualmente. El caldo resultante lo usaremos para aclararnos el pelo (si es el uso deseado) o pondremos en él la ropa negra que queramos oscurecer.


Piel suave e hidratada 

Un fantástico hidratante y exfoliante casero es mezclar aceite de oliva con azúcar, esta mezcla dada sobre el cuerpo en la ducha arrastrará las células muertas de la piel a la vez que hidratará tu nueva piel, os aseguro que el resultado no es graso, pero si no te atreves con el aceite, prueba a mezclar un poco de azucar con tu gel de ducha diario ¡el resultado sorprende!. Un buen tónico para la piel que además limpie y exfolie puede ser también la mezcla de un poco de leche (de cualquier variedad) con sal

Limpieza bucal completa

En el agua de enjuague echa media cucharadita de sal, esta mezcla hará dilatarse a la encía y soltará cualquier pequeña parte de alimento que se haya quedado incrustado, añadir un chorrito de agua oxigenada al agua te blanqueará los dientes, un enjuague diario con una infusión de flores de sauco te curará la inflamación de encías o piorrea (ideal enjuagarlo tras haber dilatado la encía). Con estas sencillas fórmulas podrás prescindir de cualquier colutorio comercial. 



¿Desmaquillante? No gracias, sólo póngame una manzanilla

Cuando tomes una manzanilla no tires jamás la bolsita, esta, tanto por su textura como por su contenido es un desmaquillante o limpiador excelente, basta con humedecerlo y extenderlo por cara, especialmente en mucosas (oído, fosas nasales y ojos). La manzanilla es un desinfectante ocular maravilloso, calma los ojos cansados y limpia heridas. La textura porosa de la bolsita arrastrará sin problema las suciedades de la piel. Si la tomas a granel y sin bolsa puedes usarla igualmente envolviéndola en una gasa. 

Acondicionador para cabellos rubios

Para aclarar gradualmente tu pelo castaño o rubio este verano en el último aclarado cuando te lo laves, usa un buen puñado de infusión fría de manzanilla. También aportará brillo y teñirá ligeramente de rubio tus canas, el vinagre también aporta un brillo extra. 

Para los catarros

No hay catarro que no se cure con unos baños de vapor de cebolla hervida. Pon una cacerola a fuego vivo con agua y un par de cebollas y coloca tu cabeza encima cubierta por una toalla, en un cuarto de hora con este vapor notarás una impresionante mejoría de tu catarro ¡adios por siempre al farmagrip! 

Para las picaduras 

¡¡El verano!! Esa maravillosa época de calor, disfrute, sol y... mosquitos. Y con los mosquitos, las picaduras de mosquito. Para que dejen de picar nada mejor que extender con ayuda de un trocito de papel o algodón un poco de vinagre. Si no te hiciste una herida arrascándote ni lo notarás y te dejará de picar instantáneamente, si por el contrario la picadura tiene una pequeña herida te escocerá de manera sobrehumana durante medio minuto y trascurrido este tiempo te dejará de picar.